Jacinto Convit: Héroe del siglo XX

Por: Martín A. Sánchez. Laboratorio de Biología Celular, Instituto de Biomedicina (UCV – MPPS), Caracas, Venezuela.

El Dr. Jacinto Convit de Venezuela (1913) es un experto de renombre en lepra y en enfermedades tropicales. Durante su importante carrera profesional, el Dr. Convit ha trabajado con un grupo de investigadores en el Instituto Biomédico de Venezuela, creando una vacuna modelo para tratar la lepra, enfermedad muy temida en la historia de la humanidad.  Su dedicación desarrollando esta vacuna preventiva, sirvió de base para el desarrollo de una inmunoterapia para la leishmaniasis. 

Su ardua labor en esta área, condujo a ser nominado al Premio Nobel de la Paz en Medicina en 1988. 

El Dr. Convit ha ejercido importantes cargos durante su carrera profesional, siendo director del Centro Colaborador para la Referencia e Investigación en la Detección Histológica y Clasificación de la Lepra para la Organización Mundial de la Salud en Venezuela. 

En 1987 recibió el Premio Príncipe de Asturias por su dedicación e investigación en la prevención y el tratamiento de la lepra, la leishmaniasis, oncocerosis y micosis, entre otras enfermedades tropicales en la Región.

Dr. Jacinto Convit: uno de los médicos más influyentes de la historia

Jacinto Convit nació el 11 de septiembre de 1913 en La Pastora, una importante y popular parroquia caraqueña. Sus padres, Don Francisco Convit inmigrante Catalán y Flora García Marrero Venezolana de ascendencia Canaria, le criaron junto a sus cuatro hermanos en el camino de la moral y las buenas costumbres. 

Inició su educación formal en el colegio San Pablo de la mano de los Hermanos Martínez Centeno, insignes educadores, y en el Liceo Andrés Bello, bajo la dirección del Profesor Don Rómulo Gallegos de quien Convit se refiriera como un profesor ejemplar de talante visionario y posteriormente Profesor Don Pedro Arnal.

Ya como estudiante de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, Convit destaca por sus calificaciones, obteniendo menciones honoríficas en asignaturas como fisiología y anatomía humana, clínica médica y clínica quirúrgica entre otras.

En ese entonces uno de sus profesores, el Dr. Martín Vegas, pionero en los estudios sobre la Lepra, convierte a Convit en su discípulo y lo entusiasma a tomar una residencia en la Leprosería de Cabo Blanco luego de una visita que hiciera en 1937 a ese centro de reclusión de enfermos de Lepra. 

En aquel tiempo esta enfermedad era todavía motivo de prejuicios y estigmas sociales; a los leprosos se les encadenaba y eran custodiados como criminales para evitar su salida de centros de reclusión. 

Esta situación fue determinante en su vocación y el carácter humano de Convit, quien ante tal maltrato, exigió a los guardias un mejor proceder con los enfermos.

Desde que se graduó de médico en 1938 comenzó a trabajar como residente en La Leprosería de Cabo Blanco, dedicándose al estudio de los aspectos clínicos y de laboratorio de la lepra.

Convit refiere que la Leprosería de Cabo Blanco fue su segunda universidad. Allí aprendió como sufre una persona por estar enfermo, que representa para una persona que un momento dado pueda estar enfermo si la salud es una de las cosas más importantes para el ser humano y acota: 

Como actitud hacia el paciente surge la necesidad de tratarlo en una forma familiar con el respeto mutuo que merecen los seres humanos unos con otros pero con el tratamiento de tipo familiar para que él se dé cuenta que tiene un amigo en el médico que va a luchar por que él mejore su salud.

Fue Director de esa institución desde 1943. Jacinto Convit debe su excelente formación dermatológica a dos grandes maestros: Martín Vegas y José Sánchez Covisa. Es enviado a Sao Paulo (Brasil) por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS) en 1945, para conocer los servicios antileprosos de ese país y, al regresar, es designado Director de las leproserías nacionales, cargo que ocupa hasta 1946. 

Ese mismo año contrajo nupcias con Rafaela Marotta D. Onofrio, Caraqueña, de origen italiano quien lo acompañó y apoyó en sus luchas, declarándose siempre su más ferviente admiradora. Junto a Convit transito una vida plena de satisfacciones y logros dándole cuatro hijos criados bajo los mismos principios morales. Doña Rafaela como cariñosamente la conociéramos era el complemento perfecto de Convit, elocuente, vivaz, con gran sentido del humor y gran pasión por las causas que Convit emprendía.

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Jacinto Convit: Impulsando la lucha antileprosa en Venezuela

Convit fue el primer Director de la División de lepra del MSAS desde su fundación, en 1946, impulsando la lucha antileprosa en Venezuela, a través de la creación de 20 servicios antileprosos y 171 dispensarios, hecho que tuvo repercusiones a nivel internacional.

En 1962 se crea la División de Dermatología Sanitaria, para ampliar las fronteras de la División de Lepra, Convit cambió la orientación de la lucha antileprosa, al evitar el aislamiento obligatorio de los enfermos e implementó el tratamiento ambulatorio y el control y protección de sus contactos. 

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En 1942, junto a José Sánchez Covisa, Martín Vegas, Juan di Prisco y otros eminentes dermatólogos, funda la Sociedad Venezolana de Dermatología y Venereología siendo su primer presidente (1942-1944).

Durante los años 1944 y 1945 viaja a los Estados Unidos para estudiar en la Unidad de Cáncer y Piel de la Universidad de Columbia y en la Universidad Western Reserve (Cleveland, Ohio). 

En 1944 Convit se incorpora como dermatólogo del Hospital Vargas de Caracas y en 1958 llega a ser Jefe del Servicio de Dermatología.

Convit fue pionero en la investigación en inmunología de las enfermedades infecciosas, Una de las contribuciones de Convit que le ha dado más relieve internacional es el desarrollo de un modelo de vacunación contra la lepra. 

Demuestra por primera vez que una mezcla de Mycobacterium leprae con BCG producía una lisis total del agente causal de la lepra cuando era inyectado en pacientes lepromatosos.

Posteriormente Convit, junto a investigadores de biomedicina y la OMS centraron su interés en el uso en gran escala de la vacuna desarrollada, en Venezuela, África e India, no sólo para la inmunoterapia de los enfermos lepromatosos y Borderline, sino para la inmunoprofilaxis de los contactos con pacientes lepromatosos.

Sus resultados de las experiencias con la vacuna han sido presentados en muchos trabajos. Con igual orientación metodológica desarrolló la inmunoterapia en la lucha contra la leishmaniasis.

Atención primaria en salud crea 23 unidades sanitarias 

Siempre preocupado por la atención primaria en salud crea 23 unidades sanitarias en el país, a finales de la década de los 40, una época en la cual ni siquiera se pensaba en la descentralización de los sistemas de salud. 

Creándose así la red de Servicios de Dermatología Sanitaria adscritos al Ministerio de Salud y cuyo objetivo principal es velar por el cumplimiento de los programas nacionales de control de la Lepra, leishmaniasis, oncocercosis y otras afecciones cutáneas endémicas en el territorio nacional. 

Ya para finales de los años setenta esta red estaba conformada por 31 Servicios Regionales de Dermatología Sanitaria.

El Instituto de Biomedicina Dr. Jacinto Convit

Quizás una de las más grandes obras y legados de Convit ha sido la creación de la institución que hoy día y a tan solo pocos días antes de su sensible fallecimiento oficialmente lleva su nombre: el Instituto de Biomedicina Dr. Jacinto Convit. 

Esta institución, como el mismo Convit lo describiera, comienza desde 1964 con la re estructuración del Servicio de Dermatología del Hospital Vargas y la integración con los laboratorios existentes en la Escuela de Medicina José María Vargas adscritos al servicio para crear el Instituto Nacional de Dermatología en la Universidad Central de Venezuela aprobado por el Consejo Universitario el 15 de junio de 1965

La característica de esta institución que posteriormente se convirtiera en Instituto de Biomedicina y la cual la hacía única en su estilo es que amalgamaba diversas áreas como la Clínica, la investigación y la Docencia en dermatología y enfermedades infecciosas. Tal como Convit lo había ideado al juntar eminentes figuras del quehacer científico, médico y académico en una institución de naturaleza mixta donde florecían las nuevas metodologías de estudio como la Histoquímica, Biología molecular e Inmunología siendo esta institución pionera en sus aplicaciones en Venezuela a problemas concretos de salud como la lepra, la leishmaniasis, la oncocercosis, Enfermedad de Chagas, enfermedades entéricas, alergias entre otras. 

En 1984 el Instituto cambia su nombre y en dicha ocasión Convit expresa: Basándonos en en el desarrollo de numerosas actividades que se salieron del campo de la Dermatología y teniendo también en cuenta las relaciones interinstitucionales tanto en el país como el extranjero, se propuso a la Universidad Central de Venezuela así como al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social cambiar la denominación de Instituto Nacional de Dermatología por la de Instituto de Biomedicina, lo cual fue aceptado por ambas instituciones.

Convit nutre a la institución y la institución nutre a Convit

El renombre de sus investigaciones, la intensa actividad docente y asistencial traspasan las fronteras, haciendo del instituto un centro de renombre internacional al cual acudían investigadores, y estudiantes de postgrado a realizar pasantías, muchos de los cuales siempre terminaban fascinados por la personalidad e ideales de Convit y la mágica y armónica forma en que esta institución de primera pero sin grandes pretensiones opera, brindando a sus invitados una fructífera estancia. 

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Hoy día es el Centro Panamericano Para la Investigación y Adiestramiento en Lepra y Enfermedades Tropicales (CEPIALET) de la Organización Panamericana de la Salud (OMS). El Instituto realiza el estudio y control de enfermedades endémicas desde el punto de vista asistencial y epidemiológico, asociado al desarrollo de la docencia y la investigación científica.

La institución lidera y conduce a nivel nacional los Programas de Control de Lepra, Leishmaniasis y Oncocercosis, y además tiene participación importante en los programas de Tuberculosis a nivel rural, en investigación en patologías parasitarias como es el caso de las parasitosis intestinales y la enfermedad de Chagas, en aspectos de enfermedades alérgicas, enfermedades virales como el dengue y en patologías digestivas producidas por Helicobacter entre otras.

A mi llegada al instituto como estudiante de pregrado de la UCV en el laboratorio de Biología Molecular coordinado por Félix J. Tapia, me impacta la figura imponente de Convit quien a pesar de sus numerosas actividades, gustaba de recorrer los laboratorios, tener contacto con el personal y estar al tanto de lo que ocurría en su institución. Sin embargo lo que a muchos nos cautivó y mantuvo inspirado fue esa gran dedicación a la investigación en pro de los pacientes.

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Jacinto Convit: Luchador Social

Además de todo Convit fue un luchador social a favor de la salud del pueblo y siempre pensó que la medicina preventiva y la educación eran las mejores herramientas para combatir las enfermedades endémicas que aquejaban al país.

Como refirieran Borges y García en su publicación Jacinto Convit un hombre de dos siglos: el Dr. Convit siempre presentaba en las reuniones técnicas la importancia de formar personas de las propias comunidades para que asumieran conjuntamente con los equipos de salud a nivel local actividades de educación, prevención de las enfermedades endémicas y de esa manera contribuir con el fortalecimiento de la capacidad resolutiva a nivel local (Borges & Garcia, 2004).

Jacinto Convit: Sus numerosos reconocimientos

A lo largo de su carrera científica Convit recibió numerosos reconocimientos entre los que destacan: 

  • La Soberana Orden de Malta, 
  • Grado Caballero Religionis (1969), 
  • Medalla Armand Frappier del Instituto Armand Frappier de Canadá (1979), 
  • Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de España (1987), 
  • Medalla  Salud para todos en el año 2000” de la OMS-OPS (1988), 
  • Premio  Abraham Horwitz para la Salud Interamericana de la Fundación Panamericana para la Salud y Educación (PAHEF),
  • Washington (1989), 
  • Individuo de Número (sillón No. XXXI) de la Academia Nacional de Medicina, 
  • Venezuela (1990), 
  • Premio  México de Ciencia y Tecnología del Gobierno de los Estados Unidos de México (1990), 
  • La Legión de Honor de Francia (2011), y la Orden post mórtem Libertadores de Venezuela, En su primera clase, 2014.

Cabe destacar que ha sido para el Boletín de Malariología y Salud Ambiental un honor contar con su presencia en el Comité Honorario.

Ante la muerte del Dr. Convit no faltaron los obituarios de la comunidad científica nacional e internacional, y es que el reconocimiento a la labor de Convit trascendió las fronteras.

Al respecto la prestigiosa revista The Lancet en una entrevista a uno de sus colaboradores internacionales, el Dr. Peter Smith de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad de Londres, quien a través de la OMS colaborara con Convit en los ensayos clínicos de campo de la inmunoterapia en lepra y Leishmaniasis en Venezuela, Malawi, India y Sudan, escribiera: Convit tenía un enorme compromiso con las enfermedades de la pobreza extrema y aunque era alabado y respetado por dondequiera que iba en el país era una persona muy humilde y bondadosa.

Convit tenía lo que Smith describe como  un núcleo interno de acero y esto aseguraba que a bien entrados sus 90 años estuviera personalmente involucrado en una ambiciosa investigación con su programa ampliado de inmunoterapia para el cáncer, otro trabajo que continuara hasta su muerte.

Él nunca se rindió, acotó Smith. Contamos con más de 60 investigadores de la comunidad científica internacional que a través de la lista de la red de leishmaniasis presentaran sus respetos ante la noticia de la Muerte de nuestro mentor. 

Cabe destacar las emotivas palabras que escribiera a través de esta lista Farrokh Modabber, científico iraní quien en las décadas de los 1980-2000 formara parte y liderara el Comité de Expertos en Chagas y Leishmaniaisis de la Organización Mundial de la Salud y trabajara además en el Infectious Disease Research Institute (IDRI) de Seattle, EUA, en el desarrollo y establecimiento de terapias para la leishmaniasis: 

El Profesor Convit fue una inspiración y su legado debe permanecer vivo en las mentes de todos nosotros. Fue un pionero de la inmunoterapia de la lepra y la leishmaniasis . 

Su visión en el uso del BCG

Su visión en el uso del BCG como adyuvante con organismos muertos inspiró mucha investigación, además de ayudar a decenas de miles de casos de CL en Venezuela en momentos en que los antimoniales no estaban disponibles, demasiado costosos o inaceptables debido a efectos secundarios graves. 

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Algunos intentan desacreditar la obra de Convit porque el tratamiento no era una bala de plata o bien definido, otros tenían motivos ocultos para ganancias personales. 

Sin embargo, es innegable que él introdujo un enfoque y un tratamiento que produce la curación definitiva en la misma proporción que los antimoniales, pero con un costo mucho menor, sin efectos secundarios y sin prácticamente ninguna recaída. 

Su visión y su trabajo pionero guiaron a los estudios sobre las vacunas de primera generación en el Viejo Mundo. Las vacunas eran seguras, pero sin eficacia profiláctica, sin embargo, el ensayo inmuno-quimioterapia en Sudán , con la adición de alumbre a los parásitos muertos + BCG junto con antimonio, mostraron una eficacia terapéutica significativa en los casos de leishmaniasis difusa post-kalazar (PKDL) persistentes, que son muy difíciles de tratar.

Aquellos de nosotros que trabajamos con el profesor Convit en el campo, fuimos testigos de su generosidad, bondad y humilde disposición para ayudar a las personas con pocos medios, incluso después de sus noventa años. El Prof. Convit debe ser un modelo para los jóvenes Leishmaníacos y debería ser recordado como un verdadero caballero y un erudito (Modabber, Mayo 2014).

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De mi experiencia personal con Convit siempre lo recordaré como un hombre accesible, muy humano pero de carácter férreo! Convit respetaba profundamente a los investigadores que lo rodeábamos y más aún nos permitía en su Instituto desarrollar libremente nuestras investigaciones. Nunca faltó el consejo oportuno de su parte cuando se le consultaba alguna inquietud. 

Siempre fuimos libres de decidir la ciencia que queríamos emprender, y siempre contamos con el apoyo personal e institucional de su parte. Se sentía orgulloso que siguiéramos sus pasos y particularmente me alentó a emprender los proyectos que con carácter transdiciplinario llevamos en leishmaniasis visceral.

Convit a pesar de su avanzada edad se mantenía al día con la literatura científica y las nuevas tecnologías y era capaz de maravillarse y entender los complicados mecanismos de la biología molecular y celular de los parásitos, se interesaba en la proteómica e incluso entendió la necesidad de equipamiento de la institución con nuevas herramientas como la citometría de flujo y PCR en tiempo real para mantener el estado del arte en las investigaciones de punta que se desarrollan en Biomedicina.

Otra de las características de Convit que a muchos les resulta difícil de creer puesto que se mantuvo como Director del instituto hasta el final, es que él creía en las generaciones de relevo y promovía la formación de recursos humanos. 

Prueba de ello somos los actuales coordinadores de las secciones de investigación del instituto todos profesionales de cuarto nivel, la mayoría con estudios de doctorado en renombradas universidades e instituciones en el exterior, que fieles a los ideales de Convit retornamos a la patria y al Instituto para ponernos al servicio de la salud de los venezolanos, ya sea involucrados directa o indirectamente en actividades asistenciales, docentes y de investigación. 

Y es que Convit nos dejó un legado que va más allá de sus aportes en lepra, leishmaniasis y otras enfermedades infecciosas y dermatológicas, sin contar su última empresa en las investigaciones sobre inmunoterapia del cáncer. 

Convit nos dejó el ejemplo de dedicación, humildad y perseverancia, el legado de sus pensamientos y la dedicación al prójimo en este sentido me permito culminar este pequeño homenaje con una de sus enseñanzas.

No vinimos a este mundo para dedicarnos al goce y a la diversión, No! , nuestra misión en este mundo es para hacer un esfuerzo por los otros seres que necesitan ese esfuerzo y la profesión médica es una de las que le da la mayor oportunidad al ser humano de que pueda expresar su amor por la gente. Tenemos que actuar con respecto a los principios que nos hemos comprometido a realizar, tenemos que hacer un esfuerzo para ser los mejores profesionales del mundo pero eso no significa ser solo los mejores en el conocimiento sino que tengan sentimiento suficiente para comprender su misión.

 – Jacinto Convit.

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