​¿Alguna vez te has preguntado por qué soñamos todas las noches, incluso si no lo recordamos al otro día?

En la Universidad de los niños EAFIT nos preguntamos esto y aquí está la respuesta.​

Alegrías, tristezas, preocupaciones y deseos llegamos a proyectar en nuestros sueños, como si se tratar​an de una pantalla de cine. Allí todo es posible: crear lugares, personas, otros mundos; volar, convertirnos en superhéroes y hasta hacer cosas que nunca haríamos despiertos. ¡Los sueños son los guardianes del dormir! 


¿Sabías que en promedio pasamos una tercera parte de nuestras vidas durmiendo?

Y no es para menos: dormir es muy importante. ​Según el Instituto de​​ Corazón, Pulmón y Sangre​ de los Estados Unidos, ​​​dormir adecuadamente es fundamental para aprender y recordar cosas, ​​para reaccionar, ser creativo y para la reparación de muchos tejidos del cuerpo​, entre muchas otras cosas. 

​Sin embargo, para do​rmir bien es necesario descansar por lo menos ​8 horas diarias, en el caso de los adultos, o hasta más de ​​​​​​​​17 horas para bebés recién nacidos. ​En esos momentos, donde no se tiene el control de la imaginación, emociones, ni sentimientos, se logran tener sueños por ráfagas, es decir, sucesos que pasan de manera muy rápida y que sólo están ahí en la mente por pocos minutos. En este tiempo, el cual equivale, en un promedio también, a seis años enteros de vida, es posible que soñemos cuatro veces o hasta más. 

Pero, ¿por qué es tan difícil recordar lo que se sueña?

Cortesía de Pixabay / Stergo / 6 images

El hecho de que lo que recordamos muchas veces no tenga sentido o cuando sentimos que estos se enlazan y nos hacen confundir, tiene una razón de ser. En este proceso de la mente, mientras soñamos, una parte del cerebro se paraliza y detiene su funcionamiento. Más claramente, es el centro lógico el que hace una pausa. 

Es por esto que los sucesos irreales y utópicos no son vistos de forma extraña en este lapso de tiempo, porque las ilusiones, fantasías e imaginarios que creamos están por fuera de nuestra cordura. A su vez, el cerebro envía constantemente, en las horas que dormimos, signos o señales a la médula espinal con el propósito de que todos los órganos queden paralizados temporalmente.

Todos estos se comportan muy bien y obedecen las órdenes que se les dan, excepto los ojos, los cuales, durante esta fase, permanecen activos y se mueven en la misma armonía de la actividad en el sueño. En muchas situaciones, algunas de las funciones importantes que cumple el cerebro mientras sueña es la de desechar y elegir los recuerdos, además de solucionar los problemas que roban nuestra atención durante el día. Pero también se construyen los sueños como una colcha de retazos, con pedazos de lo que vemos, escuchamos, olemos, probamos y demás construcciones propias. 

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¿Qué dijo Sigmund Freud?

Expertos, como Sigmund Freud, sostenían que los sueños existen para satisfacer los deseos que cada persona tiene, o que pueden ser también un reflejo fiel y simbólico que se adueña de la mente, de los sueños y anhelos del ser humano. A lo mejor tengan razón o a lo mejor no. Durante muchos años, estudiosos del tema han tratado de darle un significado lógico a esos sucesos enigmáticos que nadie logra comprender por qué y cómo suceden. 

Hasta el día de hoy, no se ha podido concretar ni contestar de manera eficiente nada acerca de los sueños, pero de lo que sí se puede tener certeza es que esa tercera parte de la vida que pasamos durmiendo y soñando, no es en vano.​​

Quizás deberíamos preguntarle al ornitorrinco

Allá por la década de 1950, varios científicos que trabajaban con seres humanos identificaron un estado caracterizado por el aumento de la actividad cerebral, una respiración y ritmo cardíaco acelerados y la parálisis muscular. Sin embargo, puede que el rasgo más sorprendente fuese la agitación de los ojos bajo los párpados cerrados, pues todos esos cambios fisiológicos se producían mientras los sujetos estaban profundamente dormidos.

Fase RAM

Lo que habían descubierto los investigadores empezó a conocerse como fase REM (“movimiento rápido de ojos”, por sus siglas en inglés). En circunstancias normales, se repite cada 90 minutos aproximadamente, y ocupa en torno al 25% del tiempo que pasamos dormidos. Muy pronto quedó claro que la gente despertada durante la fase REM se acordaba mucho mejor de sus sueños; de hecho, a menudo decían que habían estado soñando hasta ese mismo momento. En consecuencia, la comunidad científica empezó a concebir la fase REM como la manifestación externa del estado onírico. Por primera vez en la historia de la humanidad, la parte más fantástica y extraordinaria de nuestras vidas se había sometido a una observación empírica.

Los animales también experimentan la fase REM

Pero eso no es todo, pues se descubrió que los animales también experimentaban una fase REM, algunos más a menudo y durante más tiempo que los humanos. Ahora sabemos que el mamífero más REM, quién lo habría dicho, es el Ornithorhynchus anatinus, el ornitorrinco de toda la vida. Quizá no debería sorprendernos, ya que, como señala Nature, “en un informe que se remonta a 1860, antes del descubrimiento de la fase REM del sueño, se afirmaba que los ornitorrincos jóvenes realizaban movimientos natatorios con sus patas delanteras mientras dormían”.Los sueños son las chispas y efusiones de un sistema en modo de espera, como los crujidos de una vieja televisión que se está enfriando

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Recargando las pilas

Puede que los escritores creen androides que sueñen con ovejas eléctricas, ¿pero podemos ahora afirmar con certeza que los ornitorrincos sueñan con jugosas langostas? La verdad es que no. La onirología, a pesar de todo lo que sabemos sobre la fisiología del sueño, sigue siendo un campo enigmático y controvertido. Durante la fase no REM del sueño, el ADN se repara y el organismo recarga las pilas para el día que hay por delante. Pero la pregunta que ya inquietaba a nuestros antepasados de por qué soñamos – y sueñan, probablemente, la mayoría de los mamíferos – sigue siendo muy difícil de responder.

Hasta hace relativamente poco, se daba por sentado que los sueños tenían un significado. Esas visiones extrañas que llegaban durante la noche, cuando la oscuridad en derredor era sinónimo de peligro, debían de ser mensajes de los dioses, o destellos del futuro. Los sueños de los hombres y mujeres poderosos podían volverse famosos; aparecieron personas cuyo trabajo era descifrarlos, pues los sueños podían predecir el destino del clan o la nación.

El Antiguo Testamento cuenta la historia de José

Convocado para interpretar el sueño del faraón en el que aparecían siete vacas “cebadas” y siete “raquíticas”. José confió en Dios, que le permitió comprender que aquello significaba años de plenitud para el reino, seguidos de una terrible hambruna. Hasta hace relativamente poco, se daba por sentado que todos los sueños tenían un significado

Sin embargo, las premoniciones no son solo cosa de la historia antigua. Diez días antes de ser asesinado de un tiro por John Wilkes Booth, Abraham Lincoln soñó lo siguiente:

“Oía sollozos quedos, como si varias personas estuviesen llorando. Decidí salir de la cama y bajar las escaleras. Allí el silencio se rompió con los mismos sollozos tristes, pero los dolientes eran invisibles. Fui de habitación en habitación: no había un alma, pero esos sonidos de pena y aflicción iban recibiéndome a mi paso […]. Seguí hasta llegar a la Sala Este, en la que entré. Allí me encontré una sorpresa repugnante. Ante mí había un catafalco, sobre el que descansaba un cadáver envuelto en una mortaja. Lo rodeaban soldados que hacían guardia; y había un gran gentío, algunos contemplando con gesto lúgubre el cadáver, que tenía la cara cubierta, otros sollozando lastimosamente. ‘¿Quién ha muerto en la Casa Blanca?’, pregunté a uno de los soldados. ‘El presidente’, respondió, ‘¡lo ha matado un asesino!’. Entonces se elevó de entre la multitud un estallido de congoja, que me arrancó del sueño”.

Una coincidencia, claro. Lincoln corría permanentemente el riesgo de ser atacado, a punto de lograr la victoria tras una guerra civil cruenta. Pero todos podemos reconocer esa sensación misteriosa de su sueño; esa atmósfera espeluznante y aciaga. ¿De dónde proviene?

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Para la psicóloga Linda Blair

Existen dos tipos de sueños. El primero representa una clasificación de los contenidos del día, un poso de sedimentos que no es demasiado trascendente. Pero hay otros, “sueños que vienen acompañados por una reacción emotiva, ya sea de felicidad, tristeza o rabia. Esos sí tienen significado”. Freud veía en ellos la expresión camuflada de los impulsos sexuales y agresivos inconscientes. Pero lo que a Freud le parecía científico podría considerarse ahora una mera conjetura

Dichos sueños, afirma Blair, son intentos de abordar temas de nuestras vidas que no hemos sido capaces de resolver conscientemente. “Viajan hasta nuestro inconsciente para que los trabajemos allí, donde no nos distraen ni nos angustian tanto”, dice, y añade que los sueños “no predicen el futuro, porque nadie puede hacerlo. Lo que predicen son los problemas que vamos a tener que abordar”. En consecuencia, los sueños de sus pacientes son herramientas valiosas, que le permiten tomar un atajo hacia el núcleo de un problema que es relevante desde el punto de vista clínico, pero que podría no manifestarse de ninguna otra forma.

Aunque el trabajo de Blair bebe de toda una gama de fuentes, hunde sus raíces en la revolución iniciada a principios del siglo XX por Sigmund Freud. Fue el primero en intentar interpretar los sueños dentro de un marco científico, y veía en ellos la expresión camuflada de los impulsos sexuales y agresivos inconscientes. Pero lo que a Freud le parecía científico podría considerarse ahora una mera conjetura.

“Freud fue importantísimo al dar al mundo otra forma de concebir los sueños”, explica John Aggleton, profesor de neurociencia cognitiva de la Universidad de Cardiff. “El problema llega a la hora de convertir esas ideas en algo que se pueda comprobar realmente. Ahí es donde, desde el punto de vista neurocientífico, siempre ha habido un escollo”. Pero, admite, “hay una serie de temas comunes en los sueños. Mucha gente, por ejemplo, sueña con el sexo. Del par de sueños recurrentes que yo tengo, y estoy seguro de que muchas personas sueñan lo mismo, en uno pierdo los dientes y en otro —un clásico entre los conferenciantes— voy a hablar y descubro que no llevo pantalones ni ropa interior, y que no puedo hacer nada para remediarlo”.

¿Estamos seguros de que ese tipo de sueños exige una explicación psicológica?

“Sí, pero también podrían indicar algo aburridísimo: que soñamos que hemos perdido los dientes porque tenemos la mano encima de la boca y provoca una sensación de incomodidad. Asimismo, no sería una sorpresa mayúscula que nuestro tipo de ropa o falta de ropa influyese en la forma en que algunos de estos sueños se repiten”, añade.

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